sábado, 15 de septiembre de 2007

Miedo


"Esa especie
de adaptación
a la muerte
y de morir
como todos.

Intenso amor por la vida
regodeo
caso pecado por
lo visto
no hacer de la
muerte
una acto de vida;
más original

hasta la muerte sentirse vivo..."

Norberto Aige Marinelli

Mancillada de muerte ( a mi Madre)


"Des
alineado
velando al dolor
mancillada
de droga duerme a mi lado

Tos invelecida
como pecado de muerte
atrición a Dios
con insulto apagado.

En un instante dos pasos
afuera

la vileza del silencio
sortilegio de acuarela
y ese misterioso ojo
descolgado.

Como en la pared,
el aspa de la fe
y en la cama
atarantada
descarne y despojada,

el lacrimal nocturno
de mi madre pena..."

Norberto Aige Marinelli


Colores en conflicto


"Feliz y ajeno
a la muche
dumbre,
mi retrato es un niño
en bicicleta
que despunta un sueño
color verde grabado
desde un lugar del amor
con un círculo color rojo
y me cuestiono
para pensarte tal como soy.

Almas de calles laterales con arco iris
malavenidas al ver tu cuadro oscuro Stendhal
ciego como vano conflicto del negro al gris
me robo banderine de una plaza
y desordeno la ropa colgada de tendederos
nigromante, que purifica la pintura de tu ausencia.

Ahogo desmemoriado
si viene en doble portazo de tu ventana
juro en cruz que nunca supe porqué te amo..."

Carpebrutus

miércoles, 5 de septiembre de 2007

La estupidez del escorpión


" “Es muy triste ver como lo mas noble y exquisito se ve hoy en ruinas, sin pasado, no porvenir de perfección.
Lo que con maestría se miente no despierta audacia y la estupidez
se convierte en víctima entre el dolor y el arrepentimiento.
No existe heroicidad, solo la contagiosa enfermedad hecha cruz como ideal
y al borde de la locura confundir al infierno como celeste bajo cielo.

Hay que aprender a devorar escorpiones sin sentir miedo ni asco.
Una larga vida con azar presente, la misteriosa y serena debilidad de la raza
transforma la derrota en suicidio.
La figura no tiene forma, por eso no ve la espalda y no hay mal mayor
como norma de la especie hacer de su triunfo a lo Pirro, una satisfacción,
ya que la constante es infinitamente estúpido y en lo universal escaso.

“Mente captus, lectum sibi parere manu”
“(En desvarío, darse la muerte con mano propia”) (Séneca)


Norberto Aige Marinelli

La docta belleza de la muerte


"(Nota: “Reza y trabaja” (Juan I. de Loyola)
(Precepto jesuítico en Sudamérica
)


"La estética descompuesta,
el clima exuda
desolación y muerte.
Pared y odres teñidos de rojo,
incierto paisaje rasgado
de heridas,
consigna macabra de sicarios
por unas líneas de blanca.

Matad, que Dios os perdona!
¡Escupe sangre!

En la serialidad
la muerte deja de ser belleza,
y está lloviendo sobre la gran casa
de la humanidad.
Ironías del yermo,
las manos con grietas, excomunión amputada.
No hay memoria, ni sociedad,
solo desterrados
de una tierra arcillosa.

¡Matad, que Dios os perdona!
¡Escupe sangre!

El único logro,
una morada cenital
o la realidad oscurantista.

¡Reza y trabaja, engendro!
Y el niño adulto se repite,
lisonja belleza o escupe la sangre..."


Norberto Aige Marinelli

Los miedos largos...




"Jodida se puso la esfera, corazón
la manejan invertidos y gentiles de Isaías.
Un inocente muere por segundos
y con el aire entrampado,
la vida vale menos que un poster benedictino.
Ya no quedan sueños, alma mía,
no duermo, y deshabitada la cama,
los poetas moradores de medias verdades,
llevan un gesto de rendición.
Hay miedos largos, alma mía,
No creas en mí con pies fuertes y elásticos.
Mi causa es la tuya, mendiga,
con ideas confusas, entonces, me beso
y te fumo y la tomo, corazón.
Ellos, trotaconventos, los que nos
cagan la vida, somos nosotros, el rebaño perdido
hace más de cinco mil años,
con hembras vírgenes heridas
y dioses machos carentes de piedad.
Y los idiotas aún se arrodillan, ¡Paganos!
¿Qué ruegos viejos tienen por parir! ¡Hipócritas!
¡blasfemos de mil blasfemias!
Ellos, son agitadores.
Tú, no llores sus miedos.
Mírame, tampoco afloran los míos.
Soy invisible, mentiroso corazón.”

Norberto Aige Marinelli

Campo de trigo con cuervos




“El minero de Borinage
abrió las tinieblas hacia la luz
con trazos de pincel y cartas a Théo.

Tocó las cosas con equilibrio oculto,
mesa, ciprés, labrador, mayéutico o artista.

Su ego de girasol a la intemperie,
lanzado pintó vivencias de anchas caderas,
adjetivador expresionista estivado en color
y una actitud de acicatearse las entrañas.

Cansancio de ese yo entre la tierra y el cielo
por un campo de trigo con cuervos,
entró en el fuego, vital sensación extraña
a morir potenciado como Van Gogh,
genio de vientre en el vórtice de la locura.”

Norberto Aige Marinelli

Con la sonrisa en la espalda...


Nota del autor: “Cuando mi madre se amigó con Thanatos, yo estaba comiendo, y en su atrición no me llamó. Recuerdo que lo último que recibió de mí, fueron algunas palabras como estas-sin el agregado de la prosa poética, claro- y que mi hija mayor la acariciaba, acomodándole los pocos cabellos que te deja la quimioterapia.
Muchos lo habrán pasado o lo pasarán.
¿Por qué desviven nuestros muertos cuando no estamos a su lado?
Ellos saben elegir la hora-mejor dicho-, el desangelado tendrá sus motivos.
Caronte, nos cobra su moneda impiadosa: yo estaba comiendo y mirando televisión, la puta televisión, la reputa televisión…”



¿Dices que tiendo a distanciarme con la mirada?
¿Acaso estás aquí?
Tengo que expulsar el presente para poder mirarte.
¿Recuerdas ayer, antes de ayer, hace mucho?
Éramos más que una pareja, yo ponía la espalda y tú la sonrisa.
Mi espalda se encorvó y de tu sonrisa no queda más que un triste mohín. Ambos quedamos aprisionados.
¿Dices que el tiempo es cuestión de ausencias?
Todo en él está urdido.
El tiempo te vacía la memoria como descarna las entrañas.
Las paredes nos reconocieron, de seguro aquellos árboles, pero nadie más.
El vecino de enfrente ya no está, tampoco el baldío ni la muchacha del quiosco. La fogata de San Juan se ha quemado y los amigos con su ritual.
Todo se fue pudriendo, como la irrespetuosa animosidad de la infancia.
¿Dices que es mejor hacer silencio?
Lo que posees ya no te pertenece y me queda la duda si hay algo tuyo de aquello que no posees.
Sí, quieres que me calle.
¿Acaso el astuto silencio nos devolverá la vida?
Ahora descansa.
¿Has tomada la medicina?
Yo saldré por esa puerta, iré a la cocina, comeré de unas sobras, tomaré bastante vino, miraré televisión, fumaré unos cuantos cigarrillos.
La puerta quedará abierta.
Esta noche no creo que venga. Tendremos que esperar.
Siempre juntos, ¿Recuerdas?
Yo pongo la espalda y tú la sonrisa. Ahora cierra los ojos.
Si ella viene, pasará ante mí y le pediré más tiempo.
Si me quedo dormido, grita.
A la muerte hay que pelearle, no te vayas a olvidar.
Norberto Aige Marinelli

Las noche blancas




"Me paso las noches tendido, desmembrado
como el tiempo, centro y descentro;
acercado a los recuerdos de luna,
esos que ríen y lloran debajo de mi almohada
las noches de señoras tímidas, de pechos flojos,
de pieles cálidas, como una mano amiga,
los pasos de un niño, y elocuentes, como mis verdades y mentiras.

No miro verde, no te miro,
Pienso en blanco, asumo que pienso.

Indolente con algún rocío de mis ojos,
el pecho a mar abierto es un legado,
un labio de la memoria que se amotina
y me vuelvo leyenda sólo para mis sueños.

Que me estoy muriendo, hermana verde,
Que se me ausenta el aura, desengañada.
¡Que de poeta; a la mierda… indiferente….!

Norberto Aige Marinelli

Elogio a la palabra

I
Inteligencia o verdad infinita
en el destello combinatorio del lenguaje,
prístina expresión del diálogo socrático,
alejado rumiar del hombre en soledad.

II
He allí Las Preciosas,
para quienes el arte de la conversación,
juego fulgurante de argumento y metáfora,
a regla obligada de mundanead.
La ligera causerie, refinamiento y decoro
puesta al albor de la burguesa subjetividad,
una fiesta de sensible trazo, ejercicio espiritual,
paradigma en sus valores de urbanidad.

III

Decimonónica tertulia entre nous
hasta la fragmentación de mundo y espacios,
detenerse en el umbral del habla
su caos inanalizable y científico.
Necesidad contemporánea de la escucha
con aprendizaje de vivir en confidencia,
infortunio ingenuo de creencias y vidas comunes
por consideración al otro con modus de supervivencia.

IV

De cantidad se dictamina
en la calidad de ser veraces,
asiduidad en ser relevantes
la modalidad de no ser ambiguos.

Norberto Aige Marinelli