

"Jodida se puso la esfera, corazón
la manejan invertidos y gentiles de Isaías.
Un inocente muere por segundos
y con el aire entrampado,
la vida vale menos que un poster benedictino.
Ya no quedan sueños, alma mía,
no duermo, y deshabitada la cama,
los poetas moradores de medias verdades,
llevan un gesto de rendición.
Hay miedos largos, alma mía,
No creas en mí con pies fuertes y elásticos.
Mi causa es la tuya, mendiga,
con ideas confusas, entonces, me beso
y te fumo y la tomo, corazón.
Ellos, trotaconventos, los que nos
cagan la vida, somos nosotros, el rebaño perdido
hace más de cinco mil años,
con hembras vírgenes heridas
y dioses machos carentes de piedad.
Y los idiotas aún se arrodillan, ¡Paganos!
¿Qué ruegos viejos tienen por parir! ¡Hipócritas!
¡blasfemos de mil blasfemias!
Ellos, son agitadores.
Tú, no llores sus miedos.
Mírame, tampoco afloran los míos.
Soy invisible, mentiroso corazón.”
Norberto Aige Marinelli
la manejan invertidos y gentiles de Isaías.
Un inocente muere por segundos
y con el aire entrampado,
la vida vale menos que un poster benedictino.
Ya no quedan sueños, alma mía,
no duermo, y deshabitada la cama,
los poetas moradores de medias verdades,
llevan un gesto de rendición.
Hay miedos largos, alma mía,
No creas en mí con pies fuertes y elásticos.
Mi causa es la tuya, mendiga,
con ideas confusas, entonces, me beso
y te fumo y la tomo, corazón.
Ellos, trotaconventos, los que nos
cagan la vida, somos nosotros, el rebaño perdido
hace más de cinco mil años,
con hembras vírgenes heridas
y dioses machos carentes de piedad.
Y los idiotas aún se arrodillan, ¡Paganos!
¿Qué ruegos viejos tienen por parir! ¡Hipócritas!
¡blasfemos de mil blasfemias!
Ellos, son agitadores.
Tú, no llores sus miedos.
Mírame, tampoco afloran los míos.
Soy invisible, mentiroso corazón.”
Norberto Aige Marinelli
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